domingo, 24 de febrero de 2008

Smooth


Proyecta tu sombra entre los pliegues de mis dedos,
por favor.
Quiero ver hasta dónde llegan los alcances de añoranza
por ti.

Suave, tu recuerdo viene y va, con cadencia y sigilo
recorriendo mi existencia compartida contigo
y ahuecando las veces que tú no estás
grabando en mis excesos el divino tormento de la soledad

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bleh, no me gustó.





111-


Se me hace muy difícil matarle. Hay veces en las que uno conoce demasiado bien al personaje, se adentra en sus razones, entiende sus motivos como si fueran de uno mismo. Y por eso, se ha metido tanto en él, que no le puede matar. No puedo matarte, es como si fueras parte de mí en algún punto de mi existencia. A veces siento que todo lo que te inventé, en cierto modo era verdad. Como una especie de historia incriminada e implícita pero que nunca supe descifrar bien, hasta ahora.

Y me pregunto entonces, cómo es que verte en tantos sueños puede acercarme sobremanera a tí. Si no eres más que una estructura de pensamientos...

Colocados con antelación, a sabiendas de que algún día yo despertaría y me encontraría contigo. Mientras, duermo.

y callo

lunes, 18 de febrero de 2008

Olvidé mis llaves en tu cuarto


Podría permanecer toda la noche contemplando tu rostro
perdiéndome en cada uno de los lunares que tienes en la piel
quedarme mirando para siempre el cielo
contar una a una las hojas que caen en mis zapatos


y despertar,
para el día siguiente desayunar pan francés
y recoger pétalos morados,
de la mano


somos tú y yo recargados contra el sauce blanco
montando un elefante, quemándonos de frío
para ser los únicos capaces de bailar el vals
acostados en tu cama destendida,
sin tenernos qué parar, ni abrir la ventana
para morir aplastados, uno en uno,
con el bello y dulce peso de la caída del otro.

sábado, 16 de febrero de 2008

Re-animator



Por favor, no. En espiral te voy sintiendo cada vez más latente. Sin darme oportunidad siquiera de alzar mis brazos para protegerme la cabeza te estrellas contra mi cráneo. El estrépito del hueso perforado hace que las ventanas exploten y de nuevo comience la función.

Hay filas interminables de rostros; con máscaras, diseccionados, amorfos. Cuando cruzo la puerta todo se vuelve oscuro. Ya no siento nada, más que algo me corta en pedazos. No tengo mi cara, y una decena de vidrios me atacan.

Además de todos los vidrios incrustados en mis manos, todavía tengo que tantear a gatas, buscando partes de mi cara. Qué trágico tiene que ser el inicio del reencuentro. Diálogos sesgados y miradas que no dejan espacio ni siquiera para que me guarde una que otra melodía perdida. Se cierra la puerta y de nuevo quedo varada en medio de cristales rotos, que mientras los piso, adivino su tintinear como campanas...

Me pregunto si ese latido salió de mi corazón...


NO. Es un bólido, que choca contra alguna de las paredes y con su paso arranca pedazos de mi vestido. No sé a dónde moverme. Cualquier paso en falso puede ser el último. Creo que todo esto lo planeaste, desde el principio. Algo me alcanza, me atrapa, me golpea. La herida es grave. Mi falta y la tuya están hechas y no hay manera de apelar por mi libertad.



Me tienes encerrada en tí mismo. Yo quería adentrarme aquí, pero nunca pensé que dentro fuera a resultar todo tan oscuro.

jueves, 14 de febrero de 2008

Petición de ayuda


(título sugerido por mi papá, Ovidio Antigonito Xse)


I

Si subí las escaleras tan rápido, fue porque supe que si no lo hacía, no me iba a dar tiempo... (¿de qué?) El instinto de salvarte me hizo caer en la cuenta de que siempre fuíste como una isla aún no descubierta, llena de señales perdidas que nadie nunca supo identificar. Y la verdad es que todos te extrañábamos tanto... Nunca debiste irte.


Todos los días mencionabas algo de tu partida. Todas las noches, cuando íbamos a dormir, cada vez que nos abrazábamos, tu rostro reflejaba esa expresión extraña. En tus ojos yo adivinaba de vez en cuando una mirada cansina. Era el semblante de aquél que lo ha visto todo, y sólo permanece expectante al final. Lo peor fue cuando rompiste el cuadro de los mares y tiraste todos los jarrones de alcatraces en la casa por uno de tus ataques de ansiedad.


Y siempre que podía, yo te tomaba de las manos frías y te llevaba a la ventana para que vieras la avenida, el paso de los carros, los transéuntes, la vista de la ciudad. Sólo entonces podía ver que tus ojos cambiaban su expresión, y que tus labios se retorcían a manera de sonrisa. De tu garganta salía una risita que se ahogaba en la comisura de tu boca.


El día que más lloraste fue cuando vinieron a raparte y cortarte las uñas tan largas que traías. Maldijiste a todo mundo. Cuando yo traté de consolarte, tú me dijiste que era una más, igual que todos ellos.


Antes que sucediera esto, están las tardes bajo el árbol. Estaban tus visitas, las cartas que dejabas en mi ventana, tus chistes malos. Yo no sabía, amor, yo no sabía. Nunca supe adelantarme a los azares del destino. (De por sí éste es muy difícil de lograr...) Tú de algún modo lo veías venir, y yo no hice caso de las señas que mi subconsciente me arrojaba a manera de sueños malos, que siempre culminaban en gritos.


Tu condición no afectaba tu lucidez. Siempre fuíste tú quien reía intenso, quien resolvía los problemas más complicados, encontraba los objetos perdidos, y me animaba a pensar. Eras tú quien apagaba la luz en las noches. A pesar del agobiante interior que guardabas, no permitías que te fuera a dominar. El problema llegó cuando hojeaste ese libro maldito. Nunca había sentido esa reticencia por un objeto inanimado. Luego comenzaron mis sueños.


La pata del mono te volvió loco. Sudabas en vano cada que te sentabas. Devorabas con avidez las letras y te tragabas las palabras. El libro te hipnotizó, y a partir de entonces cualquier posible rutina habría de girar en torno a esa colección de hojas podridas.


Pasaron los años, y tu trabajo se reducía a unas cuantas clases de matemáticas, más la de filosofía. Nos mudamos de apartamento porque ya no podíamos con las cuotas del alquiler. Uno a uno, los muebles fueron desapareciendo, excepto la cama, el librero, la mesa y el ropero. De tu lado de la cama, encima del ropero, gozaba de estancia permanente el libro que no soltabas ni cuando te veía descansando tumbado en el sillón.


II

En el sueño, todo el mundo se confinaba dentro de un vasto corredor blanco, donde nunca se le adivinaba el final. Sucedió que de repente y sin saber cómo, me encontraba metida en ese comedor con cara de hospital. Ansiosa por saber dónde estaba, anduve de un extremo a otro, pero nunca encontré una salida. No había puertas, sólo ventanas. Lo peor es que cuando te llamaba, descubría que en ese sueño, yo no podía gritar.


Esa noche descubrí que te quería por el hecho de que, aunque nunca supieras qué demonios me pasaba, no me dejabas ahogarme en mi propio charco de ansiedad, jamás.


Conforme pasaba el tiempo, el sueño se fue prolongando. Unas veces gritaba y otras veces amanecía retorciéndome entre las sábanas por el recuerdo incesante y latente, que me asustaba. De cualquier manera, sin importar cuánto tratase, no lo podía sacar.


La pata de mono seguía en el estante. Ahora no lo soltabas porque según tú, había un mensaje matemático cifrado en ella.


(algún día continuará, espero...)
Al menos sé cómo terminará, porque ya pasó el final.

martes, 12 de febrero de 2008

Decadencia


No hay flores marchitas,
porque nunca estuvieron vivas
No hay hermanos que lloren su partida
porque perecieron todos,
uno a uno
en el monte

Los santos que le protegían han caído del cielo
en lluvia suicida
El polvo de ángel que le queda
no le alcanza para sentirse joven

Las pisadas son cada vez más cortas
Sus pulmones cada día se encogen
El cabello crece,
pero le quedan más grandes los pantalones
El hambre cada día es más insoportable
La fuerza para avanzar se queda en sus rodillas

Pobre mártir de la noche,
con tus tacones rojos, bien vestida
mostrándole todos tus huesos
a aquél coche

Círculos viciosos II


Consigna #1:
Los círculos, acariciados a manera de capricho, se vuelven vicios.

Todavía me acuerdo cuando pegaste todas esas cartas en las puertas de la escuela
El libertino errante, despierta y se rebela.
Todavía recuerdo tu presencia etérea, tu suéter púrpura, tu gabardina negra
tus manos delgadas y tu sonrisa hueca.

De vez en cuando recuerdo tus ojos tristes
las cosas que me dijiste
las cartas que me rogaste te diera

Todavía recuerdo tus zapatos viejos,
tu elocuencia
tu pantalón negro
y tus uñas maltrechas.

Y recuerdo que ibas como mendigo
Implorándome miradas, sonrisas huecas

Como niña estúpida te tomé de las manos
y te llevé al árbol del olvido
te até de las manos y te dejé (con los ojos vendados)

Mientras tú sangrabas, yo no paraba de reír

Es lo malo de ser novatos en el juego
Tú eras débil y sabio
Yo era imbécil e ingenua
Tú, frío por dentro
Yo, fría por fuera

Al final de cuentas, pudiste levantarte
y partiste
Dejándome con tres recuerdos, dos cartas
la mitad de tu bigote
y una disculpa hueca.

lunes, 11 de febrero de 2008

A la deriva: dernier jour en mer.



Slightly bemused by this lack of direction...


A la luz del alba nos volvemos ciegos
nos atraen los espacios grandes, abiertos
cual dulces suicidas, corremos directo hacia el vértigo de la caída



Sobre sábanas blancas habremos de golpear
y destejer el cielo.
No te preocupes, por hoy puedes terminar de absorberte...
Mañana volveras a renacer.


Hay un barco que zarpa todos los días
y se lleva los momentos vividos
y escupe los instantes que se perdieron
en la inconsistente ambiguedad del subjuntivo

Si te preocupa alguno de ellos, iintercepta al barco.
Asáltale, para conservar tu memoria... (de alemán)

Las memorias desechadas son tiradas al ruedo
y son bebidas por la sed de la nostalgia
los mártires las pisan, y las vuelven sangre
con ellas tejen y hacen sábanas blancas:
son con las que tú te cubres,
cuando te dispones a dormir


Makes no sense at all, things aren't what they seem...