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domingo, 14 de febrero de 2010

Feral Children

I once knew a man who could not stand silence
his eyes carrying the spleen of the sea.

He was no poet, yet one of the most incredible metaphors made human,
I've ever met.

And you're lying on the bed, love.
You are lying on the bed and I'm staring at the ceiling
(I am not alone, though)
thinking I am a nomad: no home, the forest...
us hunting each other.

Your breathing enters through my veins,
and our insides arousing
like feral children.
You should know, I've never been more scared in my life
I never wanted to die stuck under anyone's weight
until now.

It's late,
and your feet tangled around me
your last kisses still echoing through my lips

If I had the chance,
I'd choose times like this
I'd expand this curious feeling of falling,
shattering
(more than the mundane rest)



Tonight you are [my] loneliness
Tonight you are soothing blue.

martes, 20 de octubre de 2009

Aquél que se roba mis bufandas

Es cierto, se viene anunciando el frío.
(Él llega siempre con el frío...)

Escuchando historias de pueblo, de abuelitos, memorias.
Cada uno tiene su particular PUEBLO. La mayoría de las veces indica origen, identidad. Difícilmente puede desapegarse de la palabra sin dolerse al arrastrar cierta cantidad de recuerdos.
Hay nostalgia. También puedo percibir una masa informe de rencores familiares.
No me da asco. En realidad, me temo, no me importa.

Recapitulando: frío, bufandas, recuerdos.

Ah, sí: él.
No vengo a recordar cómo fue que se instaló en mi vida. A decir verdad, ni me acuerdo. Sus expectativas sobrepasaron mis aptitudes. (Él perdió la esperanza, pero yo lo lamento más.)

Pero él no es el idiota que se roba mis bufandas. Tampoco es el artista bohemio que yo alguna vez dibujé en mis sueños. No es el que vino después de éste, ni el que estuvo antes.

Él llega con el frío, se pasea un rato por el parque, come como el cubano, y luego se va.

Yo ya no escribo.
No escribo para nada/nadie.


lo perdí

jueves, 22 de enero de 2009

Miguel Ángel de Quevedo, en mi soledad

No me importa tu estado de conciencia
Me asusta tu miedo, tu pasado
Tal vez tu soledad salpicada en el abismo
La sangre que haya podido pasar antes que yo
Por tus manos

Me da miedo que no pienses
que hayas visto más de lo acordado
y que en tus ojos no recuerdes
mas que rojo, y gritos
P l o m o

¿Qué vas a hacer entonces?
Cuando cuentes historias de terror a tus nietos,
les dirás que eras fuerte
que cargabas tu bebé con un brazo
mientras con el otro te dedicabas a encañonar
a cierto idiota adolescente.

"¿Por qué lo haces?" Te pregunto, mientras me tiemblan las piernas.
"Qué te importa." Espetas, mientras intentas hurgar...