Ce serait simple, de lui décrire comme la mer, comme la plage. Il es blond, de taille moyenne, avec les plus petites mains jamais vues chez un homme. Ses bras, de même que son dos, semblent forta et durs comme l'ivoire. Son nez aquiline lui donne un air peut-être sévère, peut-être serieux. Ses lèvres ont un minceur délicat, dessinés par des courbes douces et colorés par une rose pâle. Il a les cheveuz clairs, un peu plus obscurs que la paille. Parfois ses yeux semblent gris, parfois verts, mais j'ai passé des jours et des nuits entières à regarder son visage et là, ils brillent comme la mer sous le soileil, comme des petites pièces de verre: un bleu clair, intense.
C'est comme s'il pourrait enfermer dans ses yeux toutes les mers du monde, avex le calme et la candence tendre des vagues, avec la paisible chanson de ses eaux. Je regarde ses yeux et je peux prèsque sentir l'air humide de la plage, goûter le sel de la mer, sentir le chaud du soleil embrassant ma peau.
Son corps, son visage et ses cheveux sont sable, et ses yeux infinites deviennent la mer...
miércoles, 17 de febrero de 2010
domingo, 14 de febrero de 2010
Feral Children
I once knew a man who could not stand silence
his eyes carrying the spleen of the sea.
He was no poet, yet one of the most incredible metaphors made human,
I've ever met.
And you're lying on the bed, love.
You are lying on the bed and I'm staring at the ceiling
(I am not alone, though)
thinking I am a nomad: no home, the forest...
us hunting each other.
Your breathing enters through my veins,
and our insides arousing
like feral children.
You should know, I've never been more scared in my life
I never wanted to die stuck under anyone's weight
until now.
It's late,
and your feet tangled around me
your last kisses still echoing through my lips
If I had the chance,
I'd choose times like this
I'd expand this curious feeling of falling,
shattering
(more than the mundane rest)
Tonight you are [my] loneliness
Tonight you are soothing blue.
his eyes carrying the spleen of the sea.
He was no poet, yet one of the most incredible metaphors made human,
I've ever met.
And you're lying on the bed, love.
You are lying on the bed and I'm staring at the ceiling
(I am not alone, though)
thinking I am a nomad: no home, the forest...
us hunting each other.
Your breathing enters through my veins,
and our insides arousing
like feral children.
You should know, I've never been more scared in my life
I never wanted to die stuck under anyone's weight
until now.
It's late,
and your feet tangled around me
your last kisses still echoing through my lips
If I had the chance,
I'd choose times like this
I'd expand this curious feeling of falling,
shattering
(more than the mundane rest)
Tonight you are [my] loneliness
Tonight you are soothing blue.
The end.
He shot me right in the forehead, as he knew he should do.
I couldn't expect less, I'm not that tough.
In the end, we always knew, one had to kill the other.
I couldn't expect less, I'm not that tough.
In the end, we always knew, one had to kill the other.
sábado, 23 de enero de 2010
BULLSHIT
Pues sí, llega un punto/momento/encrucijada en el que uno se detiene en seco y mira con cierto extrañamiento a su alrededor; y se pregunta: quién carajos soy y qué hago aquí.
Yo todavía no sé de dónde soy. A ratos pienso que sólo me encontraré cuando tenga una sonrisa cálida, plantas, verde, verde, verde...
Yo todavía no sé de dónde soy. A ratos pienso que sólo me encontraré cuando tenga una sonrisa cálida, plantas, verde, verde, verde...
martes, 19 de enero de 2010
Napoleon on the Bellophoron
Bebo, olvido.
Luego me bebo el olvido.
Calabaza que se come con mamut. Mamut con calabaza.
Luego me bebo el olvido.
Calabaza que se come con mamut. Mamut con calabaza.
lunes, 30 de noviembre de 2009
Son de Tacubaya
Qué envidia haberse criado entre sandías, escuchando que los besos pueden ser tan dulces como un mordisco de melón.
Así creció él, viendo a su mamá, a sus primos y hermanos desplazándose de un lado a otro del puesto. Allá ofrecían piña, acá cortaban sandías, en la esquina persuadían a una viejita de comprar cinco kilos de mandarina en vez de tres. Él se entretenía mirando, mordiendo el chupón de su mamila mientras se dedicaba a rodar con torpeza entre los huecos que se formaban alrededor de la fruta apilada.
Por alguna razón, cuando su madre ofrecía guayaba, reía con más ganas.
Así creció él, viendo a su mamá, a sus primos y hermanos desplazándose de un lado a otro del puesto. Allá ofrecían piña, acá cortaban sandías, en la esquina persuadían a una viejita de comprar cinco kilos de mandarina en vez de tres. Él se entretenía mirando, mordiendo el chupón de su mamila mientras se dedicaba a rodar con torpeza entre los huecos que se formaban alrededor de la fruta apilada.
Por alguna razón, cuando su madre ofrecía guayaba, reía con más ganas.
martes, 24 de noviembre de 2009
Entró a la sala. Tenía los cabellos plagados de orzuela, ojeras que le desdibujaban el rostro y un sueño tatuado en las cejas.
Se sentó.
Dos segundos después, ya estaba a lado de él; con las piernas cruzadas y el torso inclinado hacia un lado.
-Quisiera pedirle un consejo.
El hombre la miró ligeramente asombrado. Vaciló por un momento, pero a final de cuentas decidió seguirle el juego.
-No veo en qué podría ayudarle. Pero bueno, dígame.
-En ocasiones siento que mi investigación no está bien delimitada, no se cimienta con buenos fundamentos. ¿Cree que eso sea malo?
(De qué carajos habla, pensó el hombre. Tomó otro sorbo de su bebida.)
-¿De qué me está hablando?
-De literatura, por supuesto.
-Literatura. - Repitió el hombre.
-Literatura comparada, sí.
-Yo soy ingeniero- dijo él, como si eso lo excusara de todo.
-Yo soy Claudia.
El ingeniero se quedó mirando a la mujer, los lunares en su cuello, sus pulseritas de plata colgando de sus muñecas. La blusa roja parecía sangrada. Le recordó a las servilletas que usaban en su casa para Navidad. Decidió ignorar el nombre con el que acababa de presentarse ella.
- ¿Por qué habría de preguntarme a mí?
-Porque es más fácil desahogarse con un desconocido.
-Ya te presentaste, tú misma rompiste el juego.
-No, no es verdad. Usted no tiene la intención de presentarse. Seguimos siendo extraños.
(Insufrible, esta tipa. Bebió de nuevo.)
-¿Crees que porque no entienda de lo que hablas puedes hacer lo que quieras conmigo?
-Sí.- Respondió escuetamente, con el cinismo irradiando en el rostro.
-Toma, pruébalo- le dijo para intentar matar la conversación de una vez por todas, apurándole el vaso a sus labios. -¿A qué sabe?
-A incertidumbre.
Se sentó.
Dos segundos después, ya estaba a lado de él; con las piernas cruzadas y el torso inclinado hacia un lado.
-Quisiera pedirle un consejo.
El hombre la miró ligeramente asombrado. Vaciló por un momento, pero a final de cuentas decidió seguirle el juego.
-No veo en qué podría ayudarle. Pero bueno, dígame.
-En ocasiones siento que mi investigación no está bien delimitada, no se cimienta con buenos fundamentos. ¿Cree que eso sea malo?
(De qué carajos habla, pensó el hombre. Tomó otro sorbo de su bebida.)
-¿De qué me está hablando?
-De literatura, por supuesto.
-Literatura. - Repitió el hombre.
-Literatura comparada, sí.
-Yo soy ingeniero- dijo él, como si eso lo excusara de todo.
-Yo soy Claudia.
El ingeniero se quedó mirando a la mujer, los lunares en su cuello, sus pulseritas de plata colgando de sus muñecas. La blusa roja parecía sangrada. Le recordó a las servilletas que usaban en su casa para Navidad. Decidió ignorar el nombre con el que acababa de presentarse ella.
- ¿Por qué habría de preguntarme a mí?
-Porque es más fácil desahogarse con un desconocido.
-Ya te presentaste, tú misma rompiste el juego.
-No, no es verdad. Usted no tiene la intención de presentarse. Seguimos siendo extraños.
(Insufrible, esta tipa. Bebió de nuevo.)
-¿Crees que porque no entienda de lo que hablas puedes hacer lo que quieras conmigo?
-Sí.- Respondió escuetamente, con el cinismo irradiando en el rostro.
-Toma, pruébalo- le dijo para intentar matar la conversación de una vez por todas, apurándole el vaso a sus labios. -¿A qué sabe?
-A incertidumbre.
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