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domingo, 5 de octubre de 2008

ejercicio #1

"Los buenos tiempos no vendran, ni siquiera jalados con grúa", pensó mientras revolvía el Coffee Mate en su taza de americano. Que no sabía nada de economía, era cierto; que la filosofía política le parecía vomitiva, también. Sin embargo, cada vez que sus ojos rescataban algún gesto de índole desubicada, cuando atrapaba al azar trozos de conversación al vuelo, algo así como "vivimos en una época de decadencia económica y recesión monetaria", o cuando algún doctor diagnosticaba algún fémur fisurado y músculos con esteroclerosis, se confirmaba su teoría de los vicios circulares sobre los que se regía la vida: eran igual de vertiginosos que los olores de drenaje saliendo de una alcantarilla.



-Pagó la cuenta.-

Luego, estaban las iglesias, cuyo perenne optimismo era tan irrelevante como un semáforo en cada esquina, o un anuncio de TVnotas en cada calle. Tanto se repetía su estandarte persignado, que resultaba un eco bastante amainado de los clamores que hacía tiempo la gente valoraba más que las sábanas frescas de su cama los domingos.

-Subió al metro-




Tal vez fue la época de apatía en la que creció, o el hecho de que sus papás no la llevaban a misa. Quizá la acústica de las iglesias hubo cambiado de estructura, o simplemente comprendió que deleitarse con la inifidad de sueños y placeres que ofrece una camita y una almohada eran infinitamente mejores que los rezos monótonos de una pavada de limosneros dedicados a la lisonja y a ocultar sus perversiones bajo el trémulo velo de la moralidad...



Entonces, el metro se detuvo en seco. Las luces se apagaron, y ella se encontró a mitad de un túnel en compañía de otros tantos hombres y mujeres ensardinados. Pobres de nosotros, se dijo, no sólo estamos atrapados en este vagón dentro de un túnel, también nos atrapamos en los taxis, en las duchas tomadas a diario como es debido, nos atrapamos unos en los otros, en un abrazo, en un apretón de manos, en un beso...



Todos deberíamos tener miedo, a final de cuentas. Llega un punto en el que no sabes si actúas por inercia o por decisión propia. ¿Compras el agua porque tienes sed, o porque en la tele te dijeron que te quita la grasa?

domingo, 18 de mayo de 2008

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La oscuridad engulle la vista
opaca la luz reflejada en nuestra almohada

yo me deslizo de nuevo
hasta tus brazos
hasta que me ahogo en tu abrazo

te beso hasta morir
para que cuando alce la mirada y no vea nada
no sienta el vacío adjunto a la negrura de estas noches

y antes de descifrar tus gestos
tus caricias
prefiero reclinarme en tu abdomen
tu espalda
y mirarte dormir

desde el primer beso
el primer suspiro arrebatado a la fuerza
he estado pensando
en el día que nos habremos de destruir

por eso prefiero verte a los ojos
mirarte fijamente
sin pensar en nada

desde ahí la oscuridad se ve mejor