Querida Mariana
Hoy no vengo a hablarte de metáforas, porque me duele la muñeca y no puedo permanecer mucho tiempo sosteniendo la pluma. Tampoco estoy para contarte de las musas efímeras que juegan con los velos oníricos de todos nosotros. No, hoy estoy deprimido. Hoy vengo a hablarte del mar.
El mar es tan complejo que puede absorber a cualquiera, que puede seducir y hacerse comprender en todos lados. Igual coquetea con el iluso que atormenta al melancólico. Igual intimida al niño que al experimentado. No es lo mismo, por eso los marineros traen consigo los vestigios de la vida en el mar a cualquier parte.
Las olas del mar son cadencia femenina venida a un rito infinito, bailando al son de un clímax por siempre buscando, y que nunca vendrá. Por qué crees si no, que comparamos su belleza, su decidia y sus encantos con los del agua salada y sus ecos hidro-histéricos.
Además, el mar es como amar, sólo que sin tener alguien a quién dirigirle el corazón con certeza.
Sí, porque tú amas, y yo amo, princesa. Y en algún lado, alguien más ama. Y te aman, y se aman, son como las olas retozantes, decenas de besos prolongados hasta el horizonte.
Yo quedo solo, con la más imperceptible de las ondas acuosas en mi pestaña, y en la mano dibujado el recién ahogado mar.
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domingo, 26 de octubre de 2008
martes, 21 de octubre de 2008
Quién soy yo para hablar de mística.
Querido escritor:
En tu casa ya nada queda salvo tu mesa, una silla y la máquina de escribir. Las paredes permanecen con la pintura descarapelada. Sobre el suelo, se acumula el polvo de todas las ideas que has desechado, y otras que nunca supiste traer a la existencia. Henchidas las persianas-pestañas de tus ojos, ¿a dónde irán los recreos de tu infancia, ahora que la vida te va quitando aliento en vez de suspirar esperanza?
Con cada tap tap de tu mano contra la mesa berreas: "es que no gano nada aglutinando las voces de una historia."
Qué importa colgar los retratos donde asimismo abandonas tu sombrero, besos matinales sin brío y canciones que te infunden un miedo inconmensurable a verte en el espejo. Porque pasaron ya los temblores, sobre las ruinas construiste nuevas caídas y la vida te ha dejado con experiencia (y una joroba divina).
Pero.
Con cada día que pasa, pierdes el aire, el (cl)amor, y la vista.
En tu casa ya nada queda salvo tu mesa, una silla y la máquina de escribir. Las paredes permanecen con la pintura descarapelada. Sobre el suelo, se acumula el polvo de todas las ideas que has desechado, y otras que nunca supiste traer a la existencia. Henchidas las persianas-pestañas de tus ojos, ¿a dónde irán los recreos de tu infancia, ahora que la vida te va quitando aliento en vez de suspirar esperanza?
Con cada tap tap de tu mano contra la mesa berreas: "es que no gano nada aglutinando las voces de una historia."
Qué importa colgar los retratos donde asimismo abandonas tu sombrero, besos matinales sin brío y canciones que te infunden un miedo inconmensurable a verte en el espejo. Porque pasaron ya los temblores, sobre las ruinas construiste nuevas caídas y la vida te ha dejado con experiencia (y una joroba divina).
Pero.
Con cada día que pasa, pierdes el aire, el (cl)amor, y la vista.
sábado, 18 de octubre de 2008
Vintage does not stand for ad-vantage
Era una hoja blanca. Ingenua. Sin dos caras. Era ella y con eso bastaba. Luego, alguien le fue mostrando quedamente las delicias de la tinta. Poco a poco se fue manchando de tinta negra y contundente, endeleble; de tinta azul divina, de tinta roja y escandalosa. Se llenó de memorias, de risas. Los miedos teñidos se fueron expandiendo a todo lo largo de su espacio, tal como un gato se desparrama por la alfombra.
El problema fue que los recuerdos ya habían sido de todos. Quienes le incitaron a tatuarse las palabras ya les conocían de antemano. Por supuesto que no era su intención enseñarle de la vida a la pequeña inexperta, sino revivir la de ellos a través de tan inmaculada hoja.
Ahora es sólo una copia, y cierto, cada señor tiene su original.
El problema fue que los recuerdos ya habían sido de todos. Quienes le incitaron a tatuarse las palabras ya les conocían de antemano. Por supuesto que no era su intención enseñarle de la vida a la pequeña inexperta, sino revivir la de ellos a través de tan inmaculada hoja.
Ahora es sólo una copia, y cierto, cada señor tiene su original.
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